Todo se vende, productos materiales, ideas, incluso nosotros mismos, yo mismo, en este momento estoy vendiendo. De que depende que alguien “compre” lo que yo estoy vendiendo, aquí encontramos una enorme cantidad de razones que cada una de ellas por separado son válidas para que, aplicándolas a lo que que queramos vender, consigamos nuestro objetivo.
El párrafo anterior lo suscribimos todos, no hace falta ser ningún gurú para llegar a estas conclusiones entre otras cosas porque lo anteriormente dicho “no dice nada” si no sabemos como llegar a esa persona que necesita lo que nosotros vendemos.
Para conseguirlo las empresas usan métodos diversos, elaboran un plan estratégico comercial, preparan campañas de marketing, utilizan el boca-boca, hacen campañas publicitarias en T.V., crean redes de distribución, venden puerta a puerta y un largo y variado etcétera para llegar a “esa persona” que valore que lo que nosotros le vendemos es lo que el quiere y no lo que le ofrece nuestra “desleal” competencia.
Para complicarlo todo un poquito más aparecen la microinformática, los teléfonos móviles y Internet, es decir somos capaces de satisfacer, desde la palma de nuestra mano, cualquier necesidad que se nos presente, desde tener información, conocer y actuar directamente en procesos de nuestra empresa, comprar en tiendas virtuales, poner en marcha la calefacción de casa, en resumen conectarnos con el mundo que nos rodea y podemos elegir y comprar lo que nos apetezca.
Hasta aquí lo que hemos conseguido es que una máquina con Internet sea capaz de dar respuesta a una necesidad de “esa persona” y que esta pueda elegir entre diferentes opciones que se le muestran.
Aquí aparece “la WEB”, gran invento que nos permite dar a conocer a “esa persona” quienes somos, que tenemos lo que busca y que además, si nos compra, se codeará con otros grandes clientes que también confían en nosotros. Hasta ahora podía ser suficiente con crear esta web, colgarla en la red y esperar que nos encontraran pero como toda herramienta que se masifica pierde su efectividad, no porque esa persona deje de buscar por Internet lo que necesita sinó porque dada la gran cantidad de información que hay en la red sobre el mismo tema hace que “esa persona” elija entre lo que primero le aparece en la pantalla, que le resulte fácil de gestionar, fácil de entender, que cuando entre en una web aparezca lo que busca y que sea fácil y rápido comprar o contactar con lo que necesita.
Ante esta evolución y como empresarios debemos preguntarnos varias cosas.
-Internet puede ayudarme a mejorar mis ventas y beneficios?. Puedo ser más COMPETITIVO?. (Demos por sentado que sí).
-Estoy seguro de que con lo que tengo y tal y como lo tengo soy capaz de llegar a “esa persona” que busca lo que yo ofrezco en mejores condiciones que mi competencia.
-Estoy seguro de que recibo información creíble que me permita medir el éxito de mi inversión en Internet?.
-Estoy utilizando adecuadamente el potencial que me ofrece los diferentes tipos de comunicación en red para llegar al mayor número de “personas” que buscan lo que yo vendo?
-Actualmente mi web es un gasto o me proporciona ingresos? Es un pasivo o un activo?.
Si alguno de los interrogantes anteriores le genera dudas actúe y pida que le realicen un análisis de su empresa en Internet para que su inversión en esta área se convierta en un activo para su empresa. Haga algo más que sus competidores, busque la diferenciación para llegar con éxito a “esa persona” que le está buscando.
